Lunes, 07 de febrero de 2005
Estoy en la cama... no haciendo el amor, sino no estaría escribiendo... estaría intercambiando gotas de sudor y deseo con él. El médico me ha dicho: ¡Una semana en la cama! Así, sin ningún pudor... yo he entendido que quería decir una semana sola en la cama... tampoco le iba a decir que normalmente estoy sola, no le iba a dar el gusto de que me mirara con sonrisita maliciosa... así que he hecho como que entendía la parte de su sugerencia de "sola". Tampoco estaba dispuesta a contarle que aunque él no esté conmigo... siempre duerme a mi lado... sonrisa maliciosa unida a gesto de esta como una cabra, pues la verdad no me apetecía nada...
Y aquí estoy, enmarañada de libros, papeles, revistas y con el ordenador encima (portátil, para los que les guste visualizar)... No tengo mesilla, así que tampoco tengo nada encima de ella, porque no existe... tengo una cajonera llena de libros y medicinas... un panorama de lo más erótico... En este revoltijo de sábanas, llenas de arrugas... más por mi condición de enferma condenada a una semana en la cama que a Proust (me apetecía evocarle en el título, su magdalena y mi semana en cama tienen algo familiar) me ha dado por pensar en cuando uno está así como yo hoy... mimoso y enfermo...
Cuando uno está enfermo… se vuelve algo tonto… de repente la infancia se apodera del gesto… y aunque se esté solo, cuando te miras en el espejo del baño al hacer pis… ve ese gesto de niño con ganas de zumo de naranja, beso y manta remetida. Cuando yo era pequeña, y me ponía enferma, mi madre me llevaba a su habitación. De repente toda la cama, la sagrada cama de tus padres, era para ti… pero como estabas con fiebre… pues no disfrutabas de tanta inmensidad. Las sábanas en casa de mi madre olían a limpio, y cuando te metía en la cama no había ni una sola arruga… A mí me gustaba cuando me remetía la manta por debajo del colchón, y casi no podía moverme… esa sensación de seguridad…¡aquí no me puede pasar nada! y seguro que está fiebre se aburre y se marcha. Cuando estábamos enfermos… siempre había zumo de naranja natural, y un sándwich con pan blanco y jamón york, recién comprado que para eso estabas enfermo. Mi madre lo dejaba en su mesilla, y yo lo miraba de reojo, sin ganas de comerlo… pero me reconfortaba verlo ahí. Luego ella venía y te daba un beso… echaba la persiana y te quedabas adormilada, ¡a las 12 de la mañana! y un placer que ahora percibo con más intensidad que entonces te invadía por dentro… un día mi padre vino y me dio un beso… ese noche, a pesar de la fiebre, fui la enferma más feliz de la tierra…
Aún me compro jamón york, cuando estoy enferma, aunque no me gusta mucho... zumo el de granini, no es lo mismo, pero no tengo el cuerpo para fiestas de exprimidores.
Hoy mi vecino me ha regalado un reserva... seria duda para una enferma solitaria...
Por: Saroka la gigante | General | Comentarios (0) | Referencias (0)
La gigante Saroka en treinta metros juega a hacer malabares con los cinco sentidos...
Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com